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miércoles, 11 de julio de 2018

Cantad y bailad





Las herméticas puertas del destino
se abrieron de par en par
y Mara contempló ante sus ojos
el paisaje de la desolación.

Los Seres Supremos permitieron
esa visión
como advertencia de lo que los hombres
podían llegar a perpretar.

Entonces Mara preguntó:

- ¿Se puede evitar?
- Debéis cantar y bailar muchas veces y muchas canciones, Joven Mara -dijo una voz.
- Cantaré y bailaré. Llevaré el mensaje: Cantad y bailad.

Las puertas volvieron a cerrarse
tras la espalda de Mara
cuya esperanza había sido renovada
pues Mara sabía cantar y bailar y hablar.

Ahora tocaba caminar
y transmitir la visión.

- Cantad, cantad y bailad, seres humanos del mundo – se cuenta que fueron sus últimas palabras en público.

(*) Acuarela de Gertrudis Losada Alva.



jueves, 21 de junio de 2018

Bendición MARA TRUTH




Bendice Tierra nuestra
las semillas
que el estiércol y los nutrientes
de los cuatro elementos
hacen crecer y germinar
en todas las estaciones del año
y en especial todo aquello
nacido en primavera y otoño.

Bendecid Seres Supremos
el alimento de nuestros pasos
y el latir de nuestros corazones 
tanto en el fuego de la luz
como en la sombra de los bosques
para que nuestras misiones
en esta vida
sean cumplidas y también bendecidas
por las generaciones venideras.

Bendice Dios nuestro
el saber que nos concedes
y los conocimientos que heredamos,
danos la fe y la espada del fuego sagrado,
concédenos la llama de la esperanza eterna 
y, si nos caemos,
ayúdanos a levantarnos;
bendice pues Señora nuestra
también la cadena consuetudinaria
que de padres a hijos,
de madres a hijas,
de padres y madres a hijos y a hijas,
traspasamos con humildad
para cuidar y amar a los nuestros
y a todas las criaturas que nos rodean
y nos alimentan.

Bendice Cielo nuestro
la Luna que brilla en la noche
y nos hace bailar en la penumbra, 
el Sol que teje nuestros incendios
y cicatriza nuestras heridas,
y la Lluvia que engrandece 
nuestros ríos y da amplitud 
a nuestros mares.

Bendice oh Montaña
de cordilleras y selvas ignotas,
el misterio de lo que albergamos
para que nuestra esencia inocente
permanezca intacta al menos
en algunos de nosotros
y así no perdamos
la antorcha guía en los días oscuros
de sangre derramada y lágrimas negras.

Bendice Puerto de la bahía
todos los barcos que zarpan cargados
de nuestros mensajeros 
para llevar la paz y la gloria
del Ser Humano a todos los rincones
conocidos y por conocer
de nuestras inmensidades,
tanto las físicas como las inmateriales,
tanto las reales como las polidimensionales.

Bendice oh Palabra
el lenguaje que nos hermana
y no permitas que nadie manche
tu Alma pues eres tú la Fuente directa
del Gran Espíritu Creador
y redimes nuestras mezquindades
con sabia compasión.

Bendecid Especies múltiples
de los poliversos nuestros,
nuevos y antiguos,
los presentes y futuros encuentros 
para que entre nosotros
se forjen alianzas duraderas
de fraternidad y paz.

Así sea.

(*) Dibujo de Paula Mocinho Novoa.

miércoles, 25 de abril de 2018

Conversaciones de la maestra con la joven Mara IV




Los tiempos corrían dispares. Las gentes se preguntaban, entre el asombro y el pánico, cuál sería la siguiente noticia. En las calles de las ciudades el aire era cada vez más enrarecido. Sin embargo, hasta el lago, al atardecer, solo llegaba el rumor de los peregrinos que alcanzaban las montañas y los mensajes de los sueños que gobernaban las noches.

- Lo he visto, maestra. La contaminación está por todas partes. Pero la gente contaminada no lo sabe, así prosigue el contagio -dice Mara con la frente sudorosa.

- Descansa, Mara, o la fiebre no bajará.

- ¡Lo he visto, lo he visto!

- Es cierto, pero ahora no es momento. Ahora lo más importante es la fiebre -señala la maestra.

- Quizás la gente del noroeste, los lejanos, los del viejo mundo, no están contaminados. Llegan algunos mercaderes y no lo parecen, maestra. Vayámonos de aquí, por favor, vendrán a por nosotras. Lo he visto, he visto cómo se acercan.

- Eso es porque de lejos todo parece distinto. En realidad, eso que llamas contaminación convive en nuestro interior desde tiempos inmemoriales. Es una alerta necesaria. Su aullido nos salva de caer en el abismo, aunque cuando dejamos que el lobo nos devore, entonces caemos igualmente en el abismo.

- ¿Y a qué se debe, maestra?

- Sería muy atrevido por mi parte argumentar un origen pero quizás, ya que veo tu necesidad de respuesta, no es momento de buscar el origen sino de abrazar la realidad. El presente. Tu fiebre.

- Pero es que hasta aquí llega el rugir de la rabia, ¿no lo oyes tú también, maestra? Como si en el mundo el odio, el desprecio y la ira hubieran tomado la posesión de las almas... -Mara, mareada, intenta continuar la frase- ¡Me enfurece, maestra!

- Mara querida, me alegra distinguir en ti una rabia inocente y no enquistada en tu alma, para la rabia enquistada se necesita un especialista, un verdadero planchador de almas, y de eso anda la humanidad escasa. Hay que dejar que todo suceda. Solo cuando los hechos se manifiestan, se puede atisbar la raíz. Mientras solo están gestándose, la raíz permanece a una profundidad imposible de calibrar como para hacer un diagnóstico fiable. El ser humano solo se rinde ante el cansancio, la tristeza profunda y la sangre. Ahora con la contaminación, está en otro estadio. Así debe ser pues es lo que está siendo.

- ¿Quieres decir que debo resignarme?

- ¿Crees que hay algo que puedas hacer para evitar lo inevitable? 

Mara mira a la maestra y le parece ver un brillo de amor en su iris. La maestra le sonríe mientras la tapa con el cobertor y la manta.

- Y ahora a sudar toda la noche. Iré viniendo. Si la fiebre sube, te meteré en la bañera con nieve. Pero no creo que sea necesario. Hay veces que es el calor el que cura, otras el frío. Esta noche creo que lo necesitas es calor.

A la mañana siguiente, la fiebre ha desaparecido. Mara va hasta la cocina descalza y desde el umbral de la puerta le dice a su maestra:

- Tengo hambre, ¿qué hay para desayunar?

Las primeras escribas de la Historia de Mara cuentan que esa noche, embargada por el sudor, tuvo su primera visión completa con mensaje. A partir de ahí, todos sabemos cómo fue desarrollando su don y cómo lo regaló generosamente a todo aquel o aquella que lo demandó con el corazón.



(*) Acuarela de Gertrudis Losada Alva.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Conversaciones de la maestra con la joven Mara III


- Maestra, ¿es cierto que Mara anduvo perdida por el desierto de las ciudades oscuras del Norte durante más de diez años antes de reencontrarse con su camino?

- Querida niña, hay muchas cosas que se desconocen de la biografía de Mara y entorno a este desconocimiento corren rumores, cuentos, historias y leyendas. Pero yo que la conocí cuando su memoria se parecía todavía al sol reluciente, te diré que para ella todo tuvo un sentido, formaba parte del camino.

- ¿Con qué intención me formas maestra?

- Con la misma que me formó Mara: para que encuentres la llama de tu camino y seas red con el resto de los seres humanos con los que te ha tocado convivir.

- Pero estamos aquí, al lado del lago, mientras tanta gente lucha, muere, agoniza, asesina, ama, desea, no sé, todo tan apartado.

- ¿Qué sueñas últimamente, joven Mara?

- La veo a ella. Me habla. Me dice que no me preocupe. Está ciega pero no lleva bastón y tras ella aparece un ejército de querubines que tocan el arpa hasta que al fondo, en los infiernos del desespero, las viejas almas penitentes se purifican y caminan en paz.

- ¿Te dice algo?

- Sí, siempre se acerca a mí y me susurra: confía y sigue.

- Confía y sigue. Es lo mismo que me decía a mí al enfadarme porque los ejercicios no me salían. Confía y sigue.

La Maestra echa una carcajada y un pájaro inicia el vuelo hacia el horizonte.

- El ejercicio de hoy es muy sencillo. Quiero que cierres los ojos, reproduzcas en tu interior la música de los querubines y la escuches.

- ¿Ahora?

- Ahora, sí.

El rumor del agua en el lago es leve, apenas perceptible. La Maestra se desnuda y nada unos largos. La joven Mara permanece sentada en una roca. La tarde cae. La Maestra se recoge en la cabaña. La noche se alza al pie de la luna creciente. La Maestra sale al encuentro de la joven Mara que sigue meditando.

- Abre los ojos, joven Mara. Por hoy es suficiente. Y ahora, escribe en este papel cuál ha sido el mensaje que has recibido a través de la música.

La joven Mara escribe unas frases en el papel que le ofrece a la Maestra y luego sopla la punta de los dedos para darse calor. La Maestra recoge el papel y lo guarda en el bolsillo.

- Entremos dentro, joven Mara.

- No va a decirme si he superado la prueba.

- Hasta que nos despertemos no hablaremos sobre ello. Ahora toca cenar, entrar en calor y dormir para recuperarse.

Tras la cena, la joven Mara y la Maestra cantan algunas viejas canciones frente a la hoguera. A la mañana siguiente, Mara se despierta temprano y con enorme apetito. Tal y como acostumbra, se sienta en la banqueta de madera de la cocina a esperar a que la Maestra aparezca para empezar a preparar el desayuno, pero el tiempo pasa y la Maestra no aparece. Pasa la mañana, transcurre el mediodía, cae la tarde, el crepúsculo se alza a través de la ventana y la noche oscurece la estancia. Y la joven Mara permanece allí, sin moverse, tal y como la Maestra le ha dicho siempre que debe hacer pase lo que pase. Traspasada la medianoche, la joven Mara cae en un sueño profundo. Es entonces cuando la Maestra se le aparece para entregarle el papel que el día anterior le ha dado la joven Mara, tras su meditación en la roca al lado del lago.

- Ahora estás preparada para que la Fuente entre y salga de ti, ahora que ya no me necesitas parto hacia el lugar del que vine. Confía y sigue, joven Mara – lee despertándose de golpe y encontrándose con las mismas palabras en la realidad del papel.

La joven Mara entra en la habitación de la Maestra y zarandea su cuerpo con cierta angustia.

- Maestra, Maestra, no te mueras, no te mueras, todavía no.

- No, todavía no es mi hora, joven Mara. ¿Qué haces aquí abandonando el fuego?

- Lo siento, otra vez te he fallado.

La Maestra observando la preocupación de la joven Mara, le pone la mano en el hombro en señal de calma.

- ¿Te das cuenta de que ahora ya estamos conectadas en todas las dimensiones?

- ¿Eras tú maestra?

- Era Mara, pero detrás de Mara estamos todas, ¿no nos has visto?

- Oh, Maestra, gracias.

- Ahora ya estás preparada.

Al día siguiente la joven Mara abandona la cabaña sin estar muy segura de qué es para lo que la Maestra le ha dicho que está preparada. No duda de su palabra pero duda de ella misma. Durante los siguientes años se cuenta que la joven Mara da tumbos por el mundo leyendo el destino a quien se lo pide, fregando platos en restaurantes, cuidando de enfermos moribundos o limpiando casas de personas ricas. Cuentan que por más que camina, confía y sigue no logra dar con el sentido a su vida, de tal manera que a edad madura se encuentra perdida en el desierto de las ciudades oscuras del Norte hasta que una noche de invierno, durmiendo en una esquina nevada, a la intemperie, se le aparece la Maestra.

- Despierta, joven Mara, despierta, hay que desayunar, pronto amanecerá.

La joven Mara la mira y le hace la pregunta que lleva tantos años queriéndole hacer.

- Dime, maestra, para qué estoy aquí.

- Mira en tu corazón y dime qué ves.

- Amor incondicional.

La joven Mara despierta sobresaltada.

- Maestra, Maestra, he estado en el desierto de las ciudades oscuras del Norte y era Mara y estaba perdida y aparecías tú y yo hacía el ejercicio y llegaba hasta el final y todo tenía sentido.

- Está bien, está bien, pero por orden. Ahora es importante desayunar. ¿O es que esperas dar lo que has recibido sin fortalecer tu cuerpo? Recuerda que de allí de donde vienes la mariposa vuela libre, pero aquí debemos respetar nuestro ovillo de seda.

Cuentan algunos de los primeros supervivientes a la catástrofe que Mara no necesitaba alimentarse como la mayoría de la gente pero que solía decir que por respeto a las enseñanzas de su Maestra era necesario hacerlo. Aunque más de una vez se la vio renunciando a su ración para dársela a los niños.


Santa Coloma de Gramenet, 1-7 de diciembre de 2017


domingo, 23 de julio de 2017

Los mensajeros están trabajando





Parten los mensajeros
a bordo de la Nave.

Cruzan mares, océanos y desiertos.
Sortean remolinos en los ríos,
tempestades de viento
en las autopistas del infierno,
huracanes de tristeza
en las miradas
de las gentes desangeladas;
superan incluso
los enigmas de las montañas sagradas.

Con ellos, con ellas,
anidan los canales
de los centros dispersos
del universo.

Les va la vida en la entrega.
Les va la muerte en la rueda.

Son los mensajeros
seres invencibles
pues han delegado
la importancia
y la trascendencia 
en el camino
del mensaje.

Saben que su hilo 
es imprescindible
en la maraña del misterio.

Y siempre siempre
a su paso 
dejan semillas de fe,
estelas de amor
que incendian las hogueras
de la esperanza.

Atent@s,
ahora mismo, 
algun@
pasa a vuestro lado.

Escuchadlo,
hay algo que debéis
saber.


Jueves, 20 de abril de 2017.

lunes, 13 de febrero de 2017

Hacerlo bien






El camino es angosto
y dará todavía muchas penas,
algunas espinas
y heridas como huellas
de lo vivido.

El camino es amplio
y dará todavía muchas alegrías,
algunas glorias
y premios como huellas
de lo experimentado.

Sin embargo, no te escribo
para advertirte de lo que un día
sabrás, ni siquiera para el coraje
y la determinación
que debes imprimir siempre
a tus pasos.

Escribo estas líneas
en el campo de maíz
de tu voz interior
para constatar nuestro
compromiso
con el alba que nace
cada mañana.

Sé ligera cuando corras.
No corras si puedes andar.
Camina si puedes respirar.
Respira cuando sueñes.
Sueña cuando estés despierta.
Despierta siempre que bebas
agua.
Bebe agua cuando tengas sed.
No permitas que la sed gobierne
tus actos.
Actúa solo cuando sea imprescindible.
Prescinde de los ideales huecos.
Hazte hueco y vacíate cada día.
Cada día es un nuevo comienzo.
Comienza siempre libre de cargas.
Carga hasta que sueltes
y suelta tu carga donde no moleste.
Ama siempre.
Todos los sentimientos te pertenecen.

Tu misión es caminar.
Hacerlo bien
siendo ser.




martes, 27 de diciembre de 2016

La gran Ola



La joven Mara y la Maestra habían salido, como cada amanecer, a meditar en la orilla del mar.

Maestra, a veces pienso en la soledad de Dios y me entristezco.

- Mara querida, ¿cómo es eso?

- ¿Me prometes que me tomarás en serio si te cuento la verdad?

- Querida niña, siempre te escucho en serio. Sé quien eres.

- Perdona por dudar, maestra.

La joven Mara empezó a hacer dibujos con sus dedos sobre la arena mojada. Tras unir en una circunferencia todos los signos, observó lo que había escrito y con determinación lo borró con el pie derecho.

- Verás, me llegó un mensaje suyo.

Mara fijó su mirada en el horizonte.

- Dios pertenece a una especie muy lejana en un mundo muy lejano que se destruyó en otro tiempo y en otra dimensión hace miles de años. Él es el único de su especie. Durante cientos de siglos vagó solo por los universos paralelos y sintió la verdadera soledad del alma en su interior.

De pronto una ola gigante se alzó allá donde Mara tenía puesta su atención. Maestra y alumna se dedicaron una mirada de reconocimiento, pero no se movieron.

- En uno de los tiempos más complicados de sus mundos, Dios tomó una importante decisión que retaba al destino y a las leyes de su especie: crearía vida a su imagen y semejanza. A cambio del libre albedrío, exigiría el cumplimiento de unas leyes básicas de amor y respeto a la vida.

La gran ola avanzaba hacia la orilla donde maestra y alumna seguían mirando el horizonte.

- La primera vez que escuchó el llanto de un ser humano supo que amaría a aquellas hermosas e imperfectas criaturas hasta el final de sus días. Puso su fe y amor en la configuración de todas las almas que conformamos el mundo, al cual periódicamente regresamos.

- Es una historia muy hermosa, joven Mara.

- Maestra, creo que es cierta. Pero ahora Dios está muy triste. De un tiempo a esta parte cada vez le duele más cómo nos hacemos daño los unos a los otros sin permitir que el amor y la alegría invada nuestros corazones. Por eso hace años que apenas aparece el sol. Lo que más le entristece es pensar que puede volver a quedarse solo. Hace siglos que dejó de crear almas nuevas y muchas de las que se van han empezado a desaparecer sin trascender.

La gran ola estaba a punto de impactar contra los cuerpos de la Maestra y la joven Mara. Maestra y alumna se pusieron en pie, dispuestas a aceptarla. En ese instante, la ola quedó detenida en el espacio y en el tiempo.

- Maestra, ¿vamos a morir ahora?

Durante unos segundos, la Maestra permaneció en silencio. Luego se adelantó hasta alcanzar a tocar el agua de la gran ola con los dedos.

Joven Mara, está claro que Dios nos ama -dijo mostrando su mano húmeda mientras sonreía.

En el horizonte el sol se desperezaba y una hermosa tonalidad anaranjada invadía la nueva mañana en la bahía.

- Quizás hoy Dios amaneció esperanzado – dijo la joven Mara.

Al día siguiente, Mara y su Maestra, se despertaron empapadas, con las ropas mojadas. Todo estaba lleno de agua. El suelo, los muebles de la cabaña, las alfombras, las sábanas... Mara se asomó desnuda a la ventana y una ráfaga de aire fresco le secó la cara.

- Mira Maestra, hoy de nuevo ha salido el sol – celebró con risas la joven Mara.



Santa Coloma de Gramenet, 5 de agosto – 27 de diciembre de 2016